Sé que no soy el vivo ejemplo de la melomanía. Ni siquiera puedo mantener una conversación sobre música más o menos respetable. No tengo oído, gustos particulares, ni me siento a escuchar un disco completo más de una vez. Pero más allá de todo esto, me siento ampliamente capacitada para luchar por mis derechos y decir: ESTOY CANSADA DE LA GENTE QUE SUBE AL COLECTIVO ESCUCHANDO MÚSICA A ELEVADO VOLÚMEN Y OBLIGANDO AL RESTO DE LOS PASAJEROS A VIAJAR TODO EL TRAYECTO ABRUMADO POR SU SONIDO.
Es claro que esto es otra consecuencia de los avances tecnológicos: los auriculares y mp3 quedaron atrás, la nueva moda... estar en la cresta de la ola indica que tenés que escuchar música con tu celular, reproductor con parlantes u otro artefacto, a todo volumen. Y por consiguiente hacer que todo el mundo escuche lo mismo que vos. Más allá de que hasta ahora no me tocó alguien que escuche múscia variada, respetable o... al menos algo que diste de los repetitivos sobidos del electro, rap o cumbia, lo que molesta no es el ritmo elegido sino el ataque a la libertad de elección.
Que el colectivo sea un transporte público no indica que cada uno pueda hacer lo que se le canta en él, sino que es un lugar que momentaneamente nos pertenece a todos y por lo cual debemos actuar respetando al otro, sin molestar. [No confundir libertad con libertinaje... diría una monja que alguna vez crucé en la escuela primaria]
Días pasados. Colectivo lleno. Horario de salida escolar. Suben unos muchachitos con un reproductor a todo volumen, escuchando cumbia y se ubican justo detrás mío. Su parlante detrás de mi oreja. Les pido por favor y educadamente que lo bajen un poco [ni siquiera les dije que lo apaguen!!!] y obviamente no me hicieron caso. Uno de ellos, algo afectado por mi solicitud, le pidió al portador del artefacto que al menos lo baje un poco... y cuando estaba a punto de producirse el milagro, otro lo instó a que ponga orden tirando "tres o cuatro tiros al techo" a lo que el portador del artefacto respondió que comenzaría a los "navajazos". Obviamente no dije más nada, porque continuar hubiese significado tener que pelear y discutir con chicos que no entenderían mi pedido y se violentarían generando una situación indeseada... igualmente aprovecho para decirles que ¡No les tengo miedo!
Más allá de la anécdota, no encuentro solución a este nuevo flagelo social que atenta contra las libertades personales, la paz y la tranquilidad de aquellos que, como yo, tomamos más colectivos que mate. El mensaje es claro: No quiero escuchar tu música y no me importa que tengas un celular última generación que te permite hacerlo a todo volumen... o a caso yo voy leyendote novelas españolas del siglo XX a los gritos para que te enteres qué es lo que estoy estudiando????
He dicho, gracias.-




